
Algo sucedió en las caballerizas de Huixquilucan este abril que es difícil de describir con precisión. No es solo ver autos bonitos, aunque los hay, y cantidades que abruman. Es más bien esa sensación de estar dentro de un museo que alguien decidió sacar al aire libre, dejar que la luz del día le cayera encima y permitir que la gente se acercara de verdad. La edición XXXVIII del gran Concurso Internacional de Elegancia llegó el 18 y 19 de abril a Huixquilucan, Estado de México, y con ella una pregunta que, sin querer, terminó siendo el hilo conductor del fin de semana: ¿Cómo se mide la elegancia en un auto? ¿Por la carrocería? ¿Por los años que tiene encima? ¿Por el estado en que alguien decidió preservarlo? Yokohama y Car Motion llegaron al concurso con una respuesta propia, y fue bastante más interesante que cualquier definición de diccionario. El stand de Yokohama y Car Motion no llegó con folletos y una mesa. Llegó con un Porsche. Un coupé rojo con wrap completo de Yokohama, rines dorados y esa presencia visual que hace que la gente se detenga, saque el teléfono y tarde un rato en seguir caminando. Fue una decisión editorial, casi si vas a hablar de llantas de alto desempeño en un evento donde la gente entiende de autos, no lo expliques, muéstralo. El reglamento del concurso establece que los vehículos participantes solo se aceptan con rines de medida y diseño original o de la época, y llantas de la medida original o equivalente, es decir, en este evento la llanta no es un accesorio secundario, es parte del criterio de evaluación. Que una marca de neumáticos decida estar presente en ese contexto dice algo sobre cómo entiende su propio producto. La edición 2026 reunió a más de 18,000 asistentes y presentó un auténtico museo sobre ruedas con más de 450 vehículos históricos y de colección. Los máximos galardones fueron otorgados al Fiat Supergioello 1951 como mejor automóvil europeo, mientras que el Cadillac 341-BConvertible 1926 fue reconocido como Best of Show y mejor automóvil americano. Autos con casi cien años de vida, preservados con una atención al detalle que roza lo obsesivo, evaluados por jueces internacionales que saben exactamente qué buscan. Este año el pabellón especial estuvo dedicado a los automóviles americanos, con alrededor de 60 unidades históricas cuidadosamente seleccionadas, desde los primeros Ford hasta deportivos que marcaron décadas enteras. Caminar entre ellos es entender que la historia del auto es también la historia de cómo la gente quiso moverse, verse y sentirse en cada época. Y en medio de todo eso, el stand de Yokohama y Car Motion funcionó como un contrapunto interesante, no era nostalgia, era presente. Tecnología actual, llantas de alto desempeño, un auto que no pedía perdón por ser moderno en un espacio lleno de clásicos. Esa tensión, bien llevada, es exactamente lo que hace que un evento así tenga capas. Hay una frase que circuló en las publicaciones previas al concurso que resume bien lo que pasó ese fin de semana: “la elegancia no se explica, se define”. Es un poco tramposa, somo todas las frases buenas, porque en realidad la elegancia se define diferente para cada quien. Para un coleccionista de Jaguares, es la línea de un XK de los cincuenta. Para alguien que lleva sus llantas al límite en una carretera de montaña, es el agarre en curva cuando más lo necesitas. Lo que Yokohama y Car Motion entendimos bien es que esas dos versiones de la elegancia no se contradicen. Pueden estar en el mismo espacio, contarse la misma historia desde ángulos distintos, y hacer que la gente que pasa frente a un stand se quede un momento más de lo que tenía planeado. Es un evento donde la competencia visual es de 450 autos clásicos, no es poca cosa.